

Los cinco amigos se habían metido en un gran lío. Habían decidido explorar la vieja mansión abandonada que se alzaba en lo alto de la colina, sin saber que era el escondite de una peligrosa banda de criminales. Ahora estaban atrapados en el sótano, rodeados de armas, drogas y dinero, y con la única salida bloqueada por los malhechores.
- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Sofía, la más asustada del grupo.
- Tenemos que escapar de aquí - dijo Lucas, el más valiente y líder de la pandilla.
- ¿Cómo? No podemos enfrentarnos a ellos, son más y están armados - replicó Mateo, el más realista y prudente.
- Tal vez podamos distraerlos de alguna manera - sugirió Ana, la más ingeniosa y creativa.
- ¿Y cómo vamos a hacer eso? - inquirió Laura, la más escéptica y sarcástica.
Los cinco se quedaron en silencio, pensando en alguna forma de salir de esa situación. De repente, escucharon un ruido en la puerta. Era uno de los criminales, que venía a revisar el botín.
- ¡Rápido, escondámonos! - susurró Lucas, señalando unas cajas que había en una esquina.
Los cinco se metieron detrás de las cajas, esperando que el hombre no los viera. El criminal entró en el sótano y se acercó a una mesa donde había una maleta llena de billetes. La abrió y empezó a contar el dinero.
- Este es nuestro momento - dijo Ana, sacando de su mochila un pequeño dispositivo. Era una bomba de humo que había fabricado con unos materiales que había encontrado en la mansión.
- ¿Qué es eso? - preguntó Mateo, sorprendido.
- Es una bomba de humo. La voy a lanzar hacia la puerta y cuando se active, saldremos corriendo aprovechando la confusión - explicó Ana.
- ¿Estás segura de que funcionará? - dudó Laura.
- No hay otra opción - afirmó Ana, lanzando el artefacto.
La bomba de humo explotó, llenando el sótano de un espeso humo gris. El criminal se asustó y soltó la maleta, gritando.
- ¡Fuego, fuego! - exclamó, tratando de salir del sótano.
Los cinco amigos aprovecharon el caos y salieron de su escondite, corriendo hacia la puerta. Sin embargo, se encontraron con otro obstáculo: la puerta estaba cerrada con llave.
- ¡Maldición, está cerrada! - exclamó Lucas, tirando del pomo.
- ¡Busquemos la llave! - propuso Sofía, mirando alrededor.
- ¡No hay tiempo, tenemos que romperla! - dijo Mateo, cogiendo una barra de hierro que había en el suelo.
Mateo golpeó la puerta con la barra, pero no logró abrirla. El criminal se había recuperado del susto y se acercaba a ellos, enfurecido.
- ¡Os vais a enterar, mocosos! - rugió, sacando una pistola.
Los cinco se asustaron y se pusieron detrás de la puerta, esperando lo peor. De repente, escucharon otro ruido en el exterior. Era la policía, que había llegado alertada por un vecino que había visto a los criminales entrar en la mansión.
- ¡Policía, abran la puerta! - ordenó una voz.
El criminal se asustó y soltó la pistola, tratando de escapar por otra salida. La policía rompió la puerta y entró en el sótano, deteniendo al criminal y liberando a los cinco amigos.
- ¿Están bien? - preguntó el policía, mirando a los jóvenes.
- Sí, gracias a Dios - respondió Sofía, aliviada.
- ¿Qué hacían aquí? - inquirió el policía, curioso.
- Solo queríamos explorar la mansión, no sabíamos que había criminales - mintió Lucas, nervioso.
- Bueno, han tenido mucha suerte. Esta banda es muy peligrosa, llevamos meses tras ellos - dijo el policía, impresionado.
- Gracias por salvarnos - agradeció Mateo, sincero.
- De nada, es nuestro trabajo - dijo el policía, sonriendo.
- Vamos, os llevaremos a casa - dijo otro policía, conduciendo a los cinco hacia un coche patrulla.
Los cinco amigos se subieron al coche, felices de haber escapado de esa pesadilla. Se abrazaron y se prometieron que nunca más volverían a meterse en problemas.
- Eso ha sido increíble - dijo Ana, emocionada.
- Sí, pero también muy peligroso - dijo Laura, reflexiva.
- Lo importante es que estamos bien - dijo Lucas, optimista.
- Y que hemos vivido una aventura inolvidable - dijo Sofía, entusiasmada.
- Sí, pero la próxima vez, prefiero ir al cine - dijo Mateo, bromeando.
Los cinco se rieron y se miraron, sabiendo que habían fortalecido su amistad. Habían pasado por una situación de acción y suspenso, pero nadie había muerto y todo había terminado bien.