Hispaliterario 14 / Bajo el crepúsculo [ESP-ENG]

in Literatos2 months ago

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  Durante el crepúsculo, hay un momento en que la luz rojiza cae sobre la casa y las paredes hablan. Condenado a permanecer en esta silla, rodeado de fotos, escucho la voz de mamá. Le cuenta a papá cómo me fue en el partido: ganamos uno a cero. Miro el rostro cansado de mi viejo mientras me felicita por el triunfo. Mi hermana sonríe, comenta lo orgullosa que está y dice que me convertiré en un gran futbolista. Eran buenos tiempos…

  Papá había expandido su negocio de cristalería y ahora tenía varios locales, grandes contratos, más empleados y mucho trabajo por hacer. Salía a primera hora del día y regresaba por las noches. Mamá se encargaba de mantener la casa en orden. Daba clases particulares de inglés y francés por las tardes. Solía acompañarme, los fines de semana, a los partidos del equipo de futbol donde yo jugaba. Mi hermana estaba por graduarse de enfermera. Teníamos planificado un viaje a la playa para celebrarlo. Partiríamos un sábado por la mañana y regresaríamos el domingo. Papá no tenía vacaciones, pero iba a tomarse aquel fin de semana para compartir con nosotros. A mí no me importaba faltar al partido que tendría ese sábado. Era un partido amistoso. La temporada aún no había comenzado.

  El día antes del viaje, recuerdo que llegué cansado del liceo. Las matemáticas eran mi único problema. Aquella mañana me había estrujado tanto el cerebro para comprender una fórmula que lo sentía como una vieja esponja deshaciéndose en mis manos. No quería saber nada de números. A mis quince años solo pensaba en jugar futbol. Quería ser tan grande en el campo como Ronaldinho.

  Alrededor de las tres de la tarde, los muchachos, puntuales como siempre, pasaron buscándome por la casa para ir a jugar en el campo de futbol que había en el barrio. Tenían un balón nuevo que se parecía al usado en el mundial del noventa y ocho. No era original, pero aun así estábamos emocionados. Cuando llegamos al campo, encontramos a cinco muchachos del barrio vecino jugando en una de las canchas. Uno hacía de arquero mientras los otros cuatro se peleaban el balón. Nosotros también éramos cinco. Los retamos a jugar y aceptaron.

  Era una tarde nublada. No había árbitros para cantar faltas, fuera de juegos o goles. Tampoco era necesario. Al ser de barrios distintos, evitábamos el juego sucio y apoyábamos la camaradería. Si estábamos allí jugando era porque habíamos preferido el balón antes que las armas. Todos lo sabíamos, pero nadie decía nada. Nuestro público era un grupo de niños que no tenían nada mejor que hacer. Jugábamos con zapatos viejos, en chancletas o descalzos. Nuestros uniformes eran franelas de cualquier club o nación. No necesitábamos vestir igual para sentirnos parte del equipo.

  Un arquero. Dos defensas que al mismo tiempo eran medio campistas. Dos medio campistas que al mismo tiempo eran delanteros. Así quedó la formación de ambos equipos. El primero que anotara dos goles resultaba ganador.

  Aquella tarde jugamos cinco partidos. Cada uno de ellos se extendió por más de media hora. Durante el tercero, la lluvia cayó sobre nosotros, pero seguimos jugando. Estábamos sudados, envueltos en una especie de vapor que emanaban nuestros cuerpos. El balón nuevo peinaba la grama recién cortada, pasaba de un pie a otro y luego era frenado por las manos del arquero. Cuando entraba en la arquería, cantábamos el gol a todo pulmón. Ya no había nadie que lo hiciera por nosotros. El grupo de niños se había ido al caer las primeras gotas. Las calles estaban vacías. Pero no nos importaba. Había algo en el ambiente que nos llenaba de alegría y nos daba energía para seguir jugando. A pesar de la lluvia, el cansancio, el balón mojado y la falta de un premio mayor. Era la fiebre del futbol.

  De los cinco partidos jugados, perdimos tres. Aun así, me sentí victorioso.

  Al llegar a casa, mamá casi se infarta porque estaba empapado de pies a cabeza. La lluvia no había cesado. Tenía la ropa sucia y estaba sin zapatos. Había jugado de forma tan intensa que terminé de dañarlos. Mis pies estaban arrugados, con restos de barro entre las uñas. Me di un baño y bebí una taza de chocolate caliente que me preparó mamá. Mi hermana llegó poco después. Había terminado el último semestre y se encontraba organizando la fiesta de despedida con sus compañeros. El acto de graduación sería la próxima semana. Papá llegó en la noche, hablando sobre todo lo que hizo aquel día, con sus ojeras y su buen humor. A pesar del montón de trabajo que tenía, nunca se mostró derrotado por la vida. Cenamos compartiendo nuestras expectativas sobre el viaje y nos acostamos preparados para el día siguiente…

  Después la luz rojiza se va y las paredes callan. El eco de las voces persiste durante algunos segundos, pero al final es interrumpido por el estruendo del choque. Solo me quedan las fotos viejas: ahí están mamá y papá, enamorados, sonrientes, el día de su matrimonio; también está mi hermana, bella como siempre, con un vestido azul, el día de sus quince años; en otra aparezco de pie, con un balón en la mano, el día que ingresé al equipo de futbol. Han pasado veinte años desde el accidente. Y yo sigo aquí, en esta silla, con las piernas amputadas, atesorando buenos tiempos que no volverán.


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Esta es mi participación para el Hispaliterario 14 / Estamos de Mundial.

Invito a @nanixxx y @huesos a participar.
La fecha de cierre está próxima, pero este no será el único Hispaliterario. Son bienvenidos.

La imagen utilizada pertenece a Dewang Gupta, fotógrafo de Unsplash.com.


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  During twilight, there is a moment when the reddish light falls on the house and the walls speak. Condemned to remain in this chair, surrounded by photos, I hear Mom's voice. She tells Dad how the game went: we won one-nil. I look at my old man's tired face as he congratulates me on the win. My sister smiles, comments on how proud she is and says that I will become a great soccer player...

  Those were good times. Dad had expanded his glass business and now had several locations, big contracts, more employees and a lot of work to do. He would go out early in the day and return in the evenings. Mom kept the house in order. She gave private English and French lessons in the afternoons. She used to accompany me, on weekends, to the soccer team games where I played. My sister was about to graduate as a nurse. We had a trip to the beach planned to celebrate. We would leave on a Saturday morning and return on Sunday. Dad didn't have a vacation, but he was going to take that weekend off to spend with us. I didn't mind missing the game I would have that Saturday. It was a friendly game. The season hadn't started yet.

  The day before the trip, I remember coming home from school tired. Math was my only problem. That morning I had wracked my brain so hard to understand a formula that it felt like an old sponge melting in my hands. I didn't want to know anything about numbers. At fifteen years old, all I could think about was playing soccer. I wanted to be as big on the field as Ronaldinho.

  Around three o'clock in the afternoon, the boys, punctual as always, came by the house looking for me to go play on the soccer field in the neighborhood. They had a new ball that looked like the one used in the '98 World Cup. It was not original, but we were still excited. When we arrived at the field, we found five boys from the neighboring neighborhood playing on one of the fields. One was playing goalie while the other four were fighting for the ball. There were five of us too. We challenged them to play and they accepted.

  It was a cloudy afternoon. There were no referees to call fouls, offsides or goals. Nor was it necessary. Being from different neighborhoods, we avoided foul play and supported camaraderie. If we were there playing, it was because we preferred the ball to guns. We all knew it, but nobody said anything. Our audience was a bunch of kids who had nothing better to do. We played in old shoes, in flip-flops or barefoot. Our uniforms were flannels of any club or nation. We didn't need to dress alike to feel part of the team.

  A goalkeeper. Two defenders who at the same time were midfielders. Two midfielders who at the same time were forwards. This was the formation of both teams. The first team to score two goals was the winner.

  That afternoon we played five games. Each of them lasted for more than half an hour. During the third, rain fell on us, but we kept on playing. We were sweaty, enveloped in a kind of steam emanating from our bodies. The new ball combed the freshly cut grass, passed from one foot to the other and then was stopped by the goalkeeper's hands. When it entered the goal, we would sing the goal at the top of our lungs. There was no one to do it for us anymore. The group of children had left when the first drops fell. The streets were empty. But we didn't care. There was something in the atmosphere that filled us with joy and gave us energy to continue playing. Despite the rain, the tiredness, the wet ball and the lack of a bigger prize. It was soccer fever.

  Of the five games played, we lost three. Even so, I felt victorious.

  When we got home, Mom almost had a heart attack because I was soaked from head to toe. The rain had not stopped. My clothes were dirty and my shoes were off. I had played so hard that I ended up damaging them. My feet were wrinkled, with traces of mud between my toenails. I took a bath and drank a cup of hot chocolate that mom made for me. My sister arrived soon after. She had finished her last semester and was organizing the farewell party with her classmates. The graduation ceremony would be next week. Dad arrived in the evening, talking about everything he had done that day, with his dark circles under his eyes and his good mood. Despite the pile of work he had, he never seemed defeated by life. We had dinner sharing our expectations about the trip and went to bed ready for the next day....

  Then the reddish light goes away and the walls fall silent. The echo of voices persists for a few seconds, but is finally interrupted by the crashing sound. All I have left are the old photos. There are mom and dad, in love, smiling, on their wedding day. There is also my sister, beautiful as always, in a blue dress, on her fifteenth birthday. In another, I'm standing with a ball in my hand, the day I joined the soccer team. Twenty years have passed since the accident. And I am still here, in this chair, with my legs amputated, treasuring good times that will never come back.



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This is my participation for the Hispaliterario 14 / We are in the world cup.

I invite @nanixxx and @huesos to participate.
The closing date is near, but this will not be the only Hispaliterario. They are welcome.

The image used belongs to Dewang Gupta, photographer of Unsplash.com.

This publication has been written in Spanish and translated into English with DeepL.


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Duro ese relato. Es exquisita tu descripción, al punto que casi me siento en la piel de tu personaje... No juego al fútbol, pero allí estuve con la tierra entre las uñas de los pies. Y el final... Desgarrador.
Te agradezco mucho que me hayas invitado...
Abrazo!

Gracias a ti por la lectura. Me alegra que la hayas disfrutado. Un abrazo!

Avísame de los concursos... Tengo unos cuentos para publicar, pero es que estoy haciendo un reto diario de fotografía y no quiero abusar. Pero habrá algún día que publique dos posts.

Cuenta con eso. Siempre serás bienvenida. Saludos.

A veces se piensa que estar en una silla de ruedas puede ser un impedimento para continuar con tus sueños, más no es así, existen muchas personas que aprendido a tener una segunda oportunidad después de un accidente aparatoso, una historia conmovedora que me agrado leer @juniorgomez

Gracias por el aporte y la valoración, @devania. Saludos.

Mucho exito en el concurso amigo @juniorgomez tu historia es cargada de emociones ❤️

Fun Crying GIF

Éxitos para ti también, @karelysk89. Un placer tenerte de visita. Saludos.

Impactante final, me tuviste en ascuas todo el relato. Saludos desde la Habana.

Es grato saberlo. Gracias por la visita mi hermano. Saludos.

Este relato nos invita a atesorar cada instante pues no sabemos que puede pasar mañana. Me encanta tu manera de narrar, realmente tienes talento.

Saludos y bendiciones.

Gracias por la valoración. Saludos y bendiciones para ti también.

Un relato cruel, pero que expresa a través de los recuerdos del protagonista, un deseo enorme de vida.

Gracias por el apoyo y por el buen comentario, @jesuspsoto. Saludos.

Buen post @juniorgomez
Fabuloso encuentro con la verdad.

Gracias, estimado @hiramdo. Saludos.

Excelente narrativa y descripción detallada de los personajes y su entorno. Cierre impactante.
Bien hecho, @juniorgomez

Gracias por la valoración, @nachomolina2. Saludos.

Nooooooo.

Quisiera que mi comentario terminará allí.

Que efímeras son las cosas. Mientras leía recordaba cuando jugaba. Todo lo que el protagonista describe es lo que hemos sentido jugando, incluso dentro del "sin sentido"; pero es que "somereando" un poco, la vida no nos regala mucha profundidad. Aún así, esa pasión está latente.

Ya no juego, a causa de lesiones y olvido. No me esperaba el final abrupto. Deja muchas emociones juntas. Tu narrativa fue excelente, una gran obra.

Así es mi hermano, nada dura para siempre. Un día estamos bien, felices, con salud, dispuestos a todo y al otro podemos estar con los ánimos por el piso, enfermos, deseando morir, terriblemente mal. Por fortuna, incluso el mal es pasajero.

Antes jugaba mucho al futbol. Las emociones del relato provienen de dicha experiencia. Agradezco mucho que te hayas pasado por acá. También me alegra que hayas disfrutado la lectura. Saludos.

Volví a jugador fútbol hace unso días y pasaba a responder.

Fue una bonita experiencia de que las cosas son posibles nuevamente y que no hay un cierre estricto dentro de cualquier vida.

Gracias por compartir. Saludos, Junior.

Hola @juniorgomez . Cuando comence a leer tu historia sabia por la manera como la iniciaste que algo malo habia ocurrido, pero luego al conttinuar leyendo me entusisme con tu narracion del juego. El final aunque esperado me conmovio mucho. Te felicito, escribiste una maravillosa historia.
Saludos 😊

Hola, @popurri. Gracias por la buena crítica. Es un gusto saber que la historia te ha conmovido. Saludos y abrazos.

Gracias por la invitación. Estuve algo retirado de la plataforma, pero no perderé la oportunidad de hacer una respuesta adecuada. Te mando un abrazo.

Excelente, acabo de leer tu participación. Gracias por contestar a la invitación. Saludos mi hermano.